miércoles, 26 de abril de 2017

Bruno Nanti. Los poemas

Hembra lunar

Se la nombró mujer y luna, para que espabile con sus ciclos de faro menguante la terquedad de la noche inagotable.

Se la parió luciérnaga y caracol, por brillantosa y despacita, y ahí la veo, que flotando río arriba viene, que nadando cielo abajo va, certera, hasta la desembocadura de la piel.

Catarata, le digo yo, porque me precipita en vuelo y me fragua en marea, porque me sutiliza, me atomiza y me desbarata, me deshace en gotitas leves que hasta de caer se olvidan, y cuando quiero acordarme, ya no soy ni lo que decía ni lo que callaba, apenas un arco sin flecha cercenando el cielo de un trazo, una espalda levitando de siete colores, un espejismo que hierve fresco y baldío de cuerpo, intocable, imposible. 


Nuda mai

Botón a botón,
hebilla tras hebilla,
noche sobre noche
la observé despojarse de toda prenda,
una a una,
cual margarita mecánica.

Y cada mañana, antes del alba,
escudriñé en el suelo el cenicero de sus telas caídas
ansiando
entre faldas fugaces y lencería lunar
encontrarme sus miedos,
saber que al fin se los había podido
o querido
quitar.

Hicimos y deshicimos el amor
dos millones de veces,
pero jamás la vi desnuda.




Fui tu fruta 

Fui tu fruta niña
aunque creas no recordarlo.

Solté el abrazo fresco de mi rama
sabiendo que en la cima del viento
me interceptaría tu mano.

Y fui tu fruta.
Fue mi jugo el que rodó por tu barbilla,
fue mi pulpa la que encandiló tu lengua,
fueron mis dulzores de otoño
los que alborotaron tu sangre
y fue mi semilla la que acampó con mariposas
en tu barriga albina.

Fui tu fruta lo que duró la luna.

Luego soltaste en el recodo mi cáscara,
pero yo ya te montaba por dentro.

Creíste deponerme en un rincón deshabitado.
Quisiste abandonarte de mi,
abortar de tu boca mi azúcar,
fusilar mi nombre con silencios de plomo,
pero fue mi cuna tu guano de olvido aviar.

Me acostumbraste a resucitar en tu roña.
Ahora es tarde;
ya no sé morir.

Y en esa esquina muda
donde callaste mi epitafio
acabé germinando.

Aún te oigo caminar, niña,
liviana de mis colores,
y sé que mañana volverás por este barrio,
tan como si nada.
Apoyarás tu espalda a la vera de mi tronco inmortal
y cerrarás los ojos en el refugio de sol
que sin rencor te lloverán mis hojas,
porque te juré mi luz y mi sombra,
y no me olvido, aunque quieras.

Soñaste que me matabas,
como aún soñarás no recordarme.
Te pido perdón, mi niña voraz,
no es terquedad, es ignorancia.

Desde tu vientre,
ya no sé morir.



Fue bíblico

Se hizo la luz en cuanto la apagué.

A esa plaga que es la sequía
sobrevino el Gran Diluvio
del pecado original.

Anochecimos clavados por la sal
y morimos con tal esmero
que ni al tercer día
pudimos resucitar.

Carnal divinidad,
bendito y fecundo aquel sudor
que nos regó desde dentro
como lluvia de perdición redentora,
astral.

Todo era caer de espaldas
hacia arriba,
a pelo sobre ese lomo húmedo
del que no supimos resbalar
hasta vaciarnos de sed,
hasta hinchar las manos
y las lenguas
de ese redondo,
inagotable manjar:
trufitas de piel de nube,
cáscaras de paraíso,
en colchón de cielorraso,
maridando a la perfección
con las ardientes grapamieles
del sótano más hondo,
altísimo río subterráneo
todo llamas,
todo nuestro,
puro aliento solar.

Fue épico,
mítico,
físico, químico, eléctrico;
olímpico
más que bíblico.
porque fue infinitamente
real.



                                                                                   Bruno Nanti


Bruno Nanti. La entrevista



El mundo va más allá de lo que percibimos con nuestro cuerpo físico;  es un adentro y un afuera. Es más que una estrella ubicada en nuestro centro cósmico, más que el efecto de los cambios lunares sobre las mareas. Más que Dios, más que el hombre.

Nuestras búsquedas propias y colectivas son inagotables, siempre queda un paso por dar, a una pregunta surge otra. Vivimos en conmoción, porque eso es lo que precisamente somos. 

Tal vez es la poesía, la columna que nos sostiene.


Bienvenido Bruno al espacio Claroscuro. 


 *¿Qué te motiva a escribir?

Las motivaciones suelen provenir de una de dos fuentes generales, una: la intención de transformar algo, en general amargo o triste, en algo quizás no mejor, pero más bello. No he encontrado terapia más eficaz para un derrape de desamor que mutar ese dolor en algo genuino y amable para los ojos, hace que valga la pena, si sale algo interesante, claro. Por otro lado, en las buenas, resulta útil para aterrizar y compartir, para intentar perpetuar sensaciones muy volátiles. Suelen ser mis dos móviles, poner belleza donde no la había, o aplastarla en la hoja cuando la hay flotando.


*¿Qué buscas en la poesía, qué has encontrado?

Bálsamo a veces, menos fugacidad otras. En general, belleza. La única verdad.


*¿A dónde te ha llevado?

A rozarla de vez en cuando, sobre todo leyendo poesía. A decepcionarme muchas veces, sobre todo intentando escribirla. Pero a entretener los ojos en el camino.


*¿Con qué palabra te identificas?

Sagatiba: la búsqueda eterna.


*¿Por qué escribir poesía?

No se me ocurre por qué no. Todos los caminos que prolonguen la búsqueda propia sin entorpecer la ajena son válidos. Además, da voz a los tímidos, conecta a los inconexos, confiesa el brillo de los que parecen nimbados de sombra.


*¿Por qué creer en la poesía?

Porque suele ser el escondite preferido de algunas de las más altas verdades, la belleza ante todo.


*¿Qué relación se crea entre poeta y lector?

Depende de la intención de ambos, hay quienes escriben para ser leídos, otros, solo para desagotar. Quienes construyen enigmas que cada lector deshilvanará de forma distinta, creando resultados originales, otros que ofrecen algo más irrevocable. Hay quienes ofrecen su intimidad, convidando así a que al visitar sus letras visiten sus adentros, y hay quienes tejen con lo de afuera, creando belleza sin comprometer los tejidos blandos. Pero en cualquier caso, la poesía es un juego que requiere de dos para jugarse mejor.


*¿Cómo ha sido tu andar poético?

Errante, curioso y torpe, pero lúdico al fin. No sé cuán productivo ha sido o vaya a ser, pero mientras lo disfrute andaré encaminado.


El invitado


Bruno Nanti, Argentina, 1987.

Topo patagónico de plumas aztecas, formado académicamente como publicista especializado en redacción creativa. Nacido en cuna de letras andantes, criado por partes entre México y Argentina. Amante de los trazos, sea tinta o carbonilla, las cuerdas vibrando y el cuero rebotando sobre el césped. Añora el mar y la familia. No aspira a tener mucho, más bien, a que lo que tenga quepa en su valija.  

domingo, 23 de abril de 2017

Silvia Rodriguez Ares. Los poemas




Nacida en Mar del Plata; reside en Buenos Aires, Licenciada y profesora en Letras, egresada de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A). Docente de enseñanza media, poeta, narradora, correctora y editora.

Sus poemas y cuentos se publican en diversos medios gráficos y digitales. 

En el año 2011 publico con la editora Muestrario su primer poemario titulado Cristales de la noche.


                            Silvia Rodríguez Ares


Firmar pactos con la vida, buscar entre los escombros un tesoro, un recuerdo, la luz.
Aprender exige cuotas de dolor, de desapego y abandono, pero a su vez nos da la oportunidad de renovarnos y ser libres. ¿Acaso la felicidad no es eso?

Tomando como referente uno de tus poemas: Que bueno es llevar zapatos, aunque aprieten.

Bienvenida Silvia al espacio Claroscuro.


Poemas

Zapatos

Bordean mis zapatos el destino
No lo cambian -son zapatos-
no lo mueven ni se caen
Pero cómo aprietan sangran tiemblan
cuando tuerzo el rumbo.



De la luz

De la luz
hasta mis ojos
hay cien metros.

Fijo un punto 
equidistante
que atraviese los sonidos
de mi lengua


y lo abro

mientras todo lo que 
amé
desaparece.

30/09/2013



Lámparas

No quedan lámparas
y si quedaran para qué.

No tengo a quien mirarle el corazón.

Ojos tengo (a veces demasiados ojos)
para ver un cuerpo que no está. 

31/05/2013



Sin ceremonias

Arderé
sin ceremonias


que la noche
se haga
cargo
de apagar
el fuego

sucumbirán
mis huesos
la carne
y la madera

la piedra
tal vez no
y me seguirá
mirando

pero no
recordará
quién fui.

10/10/2010




Nacimiento y muerte de un pájaro

Puja el aire
por si acaso ayude
ser tan leve.

Útero sin dueño.

Carne en tierra débil.

Sangre fría.

Plumas cortas.

Bisturí.

Tropieza y cae
esta palabra
no nacida
de parto natural.

8/11/2013




                                                                                  Silvia Rodriguez Ares 






lunes, 10 de abril de 2017

Gabriel Chávez Casazola. La entrevista



La poesía de Gabriel Chávez Casazola tiene esa calidez de familia, de hogar, la transparencia del aire y del agua. Su voz nos identifica a todos, habla de cada uno, de nuestros recuerdos, nuestros fantasmas. 

Dejarse tocar por los poemas de Gabriel es una manera de volver a casa.


Bienvenido poeta Gabriel Chávez Casazola al espacio Claroscuro.


*¿Qué buscamos en la poesía; qué busca el poeta, qué el lector, el escucha, el transeúnte?

Tal vez hacer silencio, viajar al interior de nosotros mismos, crecer hacia adentro.


*¿Qué es lo que la poesía ofrece?

La posibilidad de rozar lo trascendente desde lo cotidiano (pero también viceversa).


*La poesía debe comprometerse con la realidad. ¿Qué tanto ese mundo real, ese mundo que nos duele pero también nos da esperanzas, se apodera del territorio de la poesía?

El poeta debe estar comprometido, ante todo, consigo mismo, pero eso no quiere decir que se desentienda de la realidad circundante. Al contrario, lo más real que tiene cada hombre es su propia existencia. Si un ser humano muere, muere la realidad (al menos esta) para él. Estar comprometido con uno mismo es estarlo con la humanidad y con el cosmos. Creo que la poesía dignifica al ser humano en la medida en que acerca, en un viaje de ida y vuelta, las realidades visibles a las realidades invisibles (esas de las que hablaba Saint Exupery en El pequeño príncipe, las que son esenciales).

En lo personal, escribo desde lo real y muchas veces con deliberado realismo. Aunque eso no signifique que renuncie a la porción irreal y surreal, simbólica y onírica, de toda poesía.


*¿Puede considerarse a la poesía como un camino hacia la purificación?

...o hacia el abismo. La poesía es un camino circular, imagino. Lleva hacia nosotros mismos pero nunca se repite. Y dentro nuestro están la purificación y el abismo. Son vecinos cercanos. En las noches se escuchan una al otro. También hay puertas que comunican sus estancias. Hay poetas que llegan al abismo por la vía de la purificación y otros que llegan a la purificación por el abismo.


*Cuéntame de Bolivia, de la lucha de tu pueblo, de tu gente, de su manera de vivir la poesía, de la manera como la poesía los permea.

Bolivia es un país poético: pienso en el Salar de Uyuni mientras amanece, en los murmurios de la selva durante la noche amazónica, en la mudez del altiplano rasgada por el viento, en las tardes del valle bajo un árbol de molle. Pero también su gente guarda una secreta poesía inscrita en el rostro. Somos un país muy generoso en humanidad: aquí todavía gozamos de cierta calidez de vida, de una vida más natural y familiar que en otros lugares se ha perdido.
Somos un país de mestizajes, de hibridaciones de sabores, de lenguas, de historias. Es un país ensimismado y curioso, laborioso y dionisiaco, plural y singular.

Pero mal digo un solo país, pues en Bolivia coexisten muchas culturas, no siempre juntas pero sí revueltas: todas las que vinieron con la sangre española y las culturas originarias de América, más las que hemos recibido por la educación y por la exposición a la tecnología. Eso nos ha enriquecido y debería haber ampliado nuestros horizontes. En mi caso claramente lo ha hecho. He crecido bebiendo de la cultura occidental, me he aproximado con curiosidad y respeto a otras culturas, originarias de América o remotas, y profeso el mismo respeto al pensamiento de un filósofo presocrático que a un poema oral andino y a una buena película contemporánea. Soy ecléctico y me siento al mismo tiempo judío y cristiano, griego y romano, godo y castellano, vasco y andaluz, mestizo americano y guaraní, hijo de Hollywood y de Silicon Valley.

Sería, por tanto, difícil que mi poesía no reflejara esos mestizajes, esa melange. 
Soy un híbrido por nacimiento y además un ecléctico por elección. Esa mistura soy yo, esa confluencia, esos profundos ríos que convergen en mi sangre, en mi ADN, y también lo que yo he abrevado por mi cuenta, leyéndolo, mirándolo, escuchándolo, existiéndolo.


*¿Qué se ha mantenido constante desde el primer libro hasta el último que has escrito, y qué ha cambiado?

Distingo dos etapas en mi poesía; una temprana, de búsqueda, que abarca mis dos primeros libros, a los que considero de iniciación. La segunda etapa se inicia con la escritura (2006-2010) y publicación de El agua iluminada (La Hoguera, Santa Cruz, Bolivia, 2010), cuando tras un año en la Amazonia boliviana encontré mi voz poética. O mejor dicho; ella me encontró, aún sabiendo, como afirmo en un poema, que 

lo más maravilloso de todo esto
es que debes seguir buscando
buscando
porque todas las cosas y los seres
que se encuentran
así como llegan se alejan.

Incluso la poesía, a momentos.
Esa desconocida.

En esta segunda etapa de mi poesía hay algunos elementos que críticos, lectores y otros poetas han encontrado y que son constantes, es decir, aquellos que constituye mi voz poética: la memoria y la emoción.

Aunque no busco hacer una "poesía de la memoria", tal vez ella sucede-me sucede-en la medida en que escribo porque hay olvido. Me obsesiona pensar en que si una diminuta vena se rompe en nuestro cerebro y perdemos la memoria, dejamos de ser quienes somos. La memoria nos constituye como personas, nos otorga historia personal, pasado; en suma, identidad. Somos lo que recordamos y, por eso, recordar es ser. Olvidar es una forma de morir, y muchos poderes en el mundo quieren que olvidemos. La poesía, como una forma de resistencia de lo humano, nos ayuda a recordar y, por tanto, a ser. 

En cuanto a la definición que algunos hacen de mi  escritura como "poesía de la emoción", asunto que nace de la sensación que provocan mis poemas a leerlos. La gente que lee (o escucha) algunos de ellos suele decirme que queda tocada, conmovida. Tampoco persigo crear esta sensación de manera intencional, pero me interesa mucho que la poesía puede ser relevante para sus lectores, no un mero juego de palabras, un artificio del lenguaje. No me atrae ese tipo de poesía, ni aquella que es fría, demasiado cerebral e incapaz de conmover.

En este marco, hay temas que frecuento porque me parecen relevantes para el ser humano, y no son otros que las viejas cuestiones de siempre que ni la filosofía ni la ciencia han podido resolver: el bien, el mal, el sentido (o falta de sentido) de la existencia, la razón de ser de la felicidad y del dolor, la razón (o sinrazón) de que estemos en el mundo, etc. Eso sí, busco hacerlo de manera coloquial, cotidiana, poniendo a Dios "entre los pucheros", como decía Teresa de Ávila.

En mi criterio, toda obra de arte, todo poema, deben transformar, así sea un poquito, a la persona que los recibe. Si después de leer un libro mío las personas siguen siendo las mismas, podría decir que estoy fracasando como poeta.


*¿Con qué palabra te identificas?

Me maravilla la palabra latina mirabilia, que es además el título de un hermoso libro del poeta boliviano Eduardo Mitre, en cuyas páginas aprendí a nombrar el asombro de los seres y las cosas. ¿Qué otra cosa es sino la poesía?

El invitado


Gabriel Chávez Casazola (1972) Poeta y periodista boliviano, considerado “una de las voces imprescindibles de la poesía boliviana y latinoamericana actual”.  Es autor de cinco libros de poesía, entre ellos El agua iluminada (La Hoguera, 2010), La mañana se llenará de jardineros (El Ángel, 2013; La Hoguera, 2014) y Aviones de papel bajo la lluvia (Valparaíso España, 2016). Se han publicado también antologías de su obra en Colombia, Ecuador, Argentina y su país, con los títulos El pie de Eurídice (Gamar, 2014), La canción de la sopa (El Ángel, 2014) y Cámara de niebla (El Suri Porfiado, 2014; Plural,  2015).  Este año 2017 aparecerá su nuevo libro Multiplicación del sol.

Parte de su poesía se halla traducida al italiano, portugués, inglés, griego, ruso y rumano. Poemas suyos han sido incluidos en numerosas antologías internacionales y bolivianas y ha participado en encuentros, festivales y lecturas de poesía en las tres Américas y Europa.  Imparte talleres y cursos de escritura creativa en poesía en su país y también los ha ofrecido en Colombia, Ecuador y México. Colabora con revistas internacionales de literatura y es columnista en suplementos literarios de su país, donde mantiene el espacio de poesía Mirabiliario. 


Tiene también libros publicados en otros géneros y editó una Historia de la cultura boliviana del siglo XX premiada como Libro Mejor Editado en su país en 2009.  Entre otros premios, ha recibido la Medalla al Mérito Cultural del Estado boliviano. En 2013 fue finalista del Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo.  

domingo, 9 de abril de 2017

Gabriel Chávez Casazola. Los poemas



Los patios son para la lluvia

cuando ella cae despiertan sus baldosas,
abren los ojos del tiempo sus aljibes.

Y entonces los patios cantan.

Un canto hondo,
en un idioma arcano
que hemos olvidado pero que comprendemos
cuando cae la lluvia sobre los patios
y volvemos a ser niños que oyen llover.

Bajo la lluvia todas las cosas son renovadas en los patios 
y cuando escampa el mundo huele a recién hecho, a sábado de Dios, a primavera.

El canto de los patios en la lluvia borra el dolor del universo y susurra el dolor del
     universo
por las lluvias perdidas, por los patios perdidos, por los cantos perdidos,
por ti y por mí que bailamos 
bajo la lluvia de Bizancio
arcanas danzas
con movimientos hondos e indescifrables
en los patios de la memoria.

Por ti y por mí que bailamos
que llovemos
que despertamos las estaciones mientras el patio canta

porque la lluvia es para los patios,
esos indescifrables.


Tatuajes

Una mariposa de tinta se ha posado en la espalda
de esa muchacha.

Una mariposa de tinta que durará más que la lozanía
de la piel donde habita.

Cuando la muchacha sea una anciana, allí estará,
joven aún, la mariposa.

¿Cómo se verá la espalda de la muchacha
cuando la lozanía de su piel haya pasado?

¿Cómo se verá la muchacha que ahora ilumina
la verdulería, como una fruta más para mi mano?

¿Los viejos de mañana se verán como los de hoy
y los de siempre?

¿O serán diferentes, ellas con piercings en los senos caídos
y ellos grandes aretes en las orejas sordas?

¿Volarán mariposas en la espalda de las muchachas viejas,
arrugarán sus alas sobre camas del coma, se marchitarán flores
de tinta dibujadas donde se abren sus nalgas?

Tal vez no pueda verlo, ya yo estaré ido para entonces
con mi mano temblando bajo un jean de mezclilla
o con la mente ausente en la cannabis
procurando aliviar dolores cancerígenos.

Ah, una mariposa de tinta se ha posado en la espalda 
de esa muchacha.

Una mariposa de tinta que durará más que su aire.

Cuando ella haya exhalado por vez última
allí estará la mariposa todavía.

¿Echará a volar cuando incineren su morada de carne?

¿Se pudrirá en la tumba como una concubina egipcia?

¿La escuchará alguien volar o quemarse o pudrirse
y podrá venir para contarlo?

¿Escuchará alguien la historia desde la soledad de sus audífonos,
de los grandes aretes en sus orejas sordas?

¿No son estas las viejas preguntas de siempre?

¿Volveré a ver algún día a la mariposa?
¿Volveré a ver a la muchacha?
¿Continuarán existiendo las verdulerías?



El agua iluminada

Y de pronto hay días que, en efecto, la luz es como el agua, el aire es como el agua, la
noche es como el agua, la piel es como el agua
primera 
donde
fuimos felices
y sin saberlo nos regocijábamos por ello
y por todas las cosas
nuevas
bajo el sol
sentados meciéndonos
con los pies colgados alegremente
sobre el techo.



Lucía, cuatro años, toma conciencia de la muerte

Lucía, cuatro años, toma conciencia de la muerte
y dice: ¿cuando crecemos, nos volvemos viejos?
¿Cuando somos viejos, nos quedamos solos?
¿Y cuando estamos solos nos morimos?

Así, con súbita tristeza, hace preguntas ella
que recién ha sido bienvenida aquí a la Tierra
que a su vez recién ha sido bienvenida a sus ojos
y cuando visten ambas un vestido de estreno
del color de las colinas después de que ha llovido.

Ella, la estrenada, preocúpase por la vejez
como también por soledades
que no conoce, pues está siempre bien rodeada
por quienes la queremos, por juguetes
a los que otorga vida
y hasta por los amigos que imagina
en esa edad donde todo nos sorprende y hace compañía:
un botón, una caja de bombones que se torna el cofre del tesoro
o un lápiz que despega del suelo y, raudamente, vuela.

Por si fuera poco, Lucía se pregunta por la muerte:
ella que solo vio morir a una mascota digital en la pantalla
-una equis dibujada sobre los grandes ojos japoneses-
y a los grillos del jardín, cuyo cadáver devoran las hormigas.

Las que conoce fueron, supongo yo, muertes pequeñas
-¿o sabrá cómo se mata la carne de su plato?-
pero al parecer también sospecha
que hay otra forma de morir no menos cruenta:
la paulatina, la que ve en nosotros cada día
(la barba va tiñiéndose de blanco después de los 40).

Haciendo gala de temprano escepticismo,
no parece creer demasiado en la sencilla explicación del Paraíso,
que me apresuro en darle. Ni siquiera pregunta
-como habría hecho yo- a dónde van, al morir, todos los grillos
o si la muerte es apenas un viaje hacia otra parte, hacia un 
nuevo destino: digamos, la ciudad de los muertos.

¿Cómo explicar, entonces, a Lucía, lo que nadie conoce?
¿Cómo decirle que todos abrigamos sospechas y esperanzas,
y a pesar de la fe que nos alumbra (si es que la poseemos)
cierta inquietud nos devora por dentro
cuando comienzan a fallar nuestras entrañas?

Lucía, cuatro años, con sus preguntas toma conciencia de la muerte
y se pronuncia: si es que cuando crecemos nos volvemos viejos
y si cuando somos viejos nos quedamos solos
y cuando estamos solos nos morimos,
entonces papá, yo no quiero crecer.

¿Será que en algún momento de sus juegos incesantes
la soledad la ha visitado?
¿La esencial, digo, esa que viene con nosotros de la mano 
y se va con nosotros, moneda de Caronte;
aquella que nos enfrenta con el borde
de nuestras posibilidades, con nuestro derrotero material;
la piel de nuestro yo: primera y última
frontera,
lugar donde fuimos desterrados?

Lucía, cuatro años, toma conciencia de la muerte
y no quiere crecer.

¿Cómo darle, aunque quisiera, la razón, sin desmoronar
todas las apariencias? ¿Cómo no dársela y llorar con ella, 
repitiendo en voz alta -cual los niños perdidos de Pan-
yo no quiero crecer yo no quiero crecer yo no quiero?

Pero también, al mismo tiempo, cómo no decirle a Lucía
que algunas tardes, al cabecear la siesta
y oír que un viento peina las hojas caídas del patio
sabemos que es abuela muerta que nos habla 
ahora bajo la forma de la brisa

y que muchas noches, al despertar de pronto,
llega el rumor del mar por sobre las montañas
y es abuelo que respira como hacía hace tiempo;
un fuerte y calmo mar que atraviesa el espacio
susurrándonos que nunca estamos solos,
demoliendo los muros de la ciudad de los muertos

como hará este mismo poema cuando ella,
-que hoy tiene cuatro años y se pregunta por la muerte-
o su hija pequeña, puedan leerlo.





Plegaria del molinero
                                                                                                                                                     
                                                                                                                                                   para Antonio

Es sabido que los duendes únicamente se aparecen a los niños
y para ser más precisos 
a los niños que están dejando atrás la infancia
pues son ellos quienes se la llevan consigo
secuestrada
como al bebé del cuento de los Grimm,
nieto de un molinero
e hijo de un rey y una molinera
celebérrima por hilar muy áureas pajas 
y muy finas.

En el cuento, 
la reina molinera e hilandera recupera al niño
al descubrir, por boca de un lacayo,
y luego pronunciar,
delante de aquel duende,
el nombre secreto que guardaba.

Concédeme, oh Rey, a mí, que soy apenas tu lacayo,
poco menos que un molinero de las palabras,
que un hilador de los sonidos,
poder develar y pronunciar el nombre de aquel duende
que se le ha aparecido a mi hijo esta mañana
-un rumpeltiltskin lugareño, la verdad sea dicha,
de ancho sombrero alón y camijeta-;

poder pronunciar su nombre, digo,
antes de que se vaya allá, muy lejos,
llevándose la infancia de mi niño
como se llevaron otros duendes las de todos
el día en que se nos aparecieron
y, sobre todo,
se nos 
d e s a p a r e c i e r o n

dejándonos ahí mismo, parados,
en medio del campo o de la calle o del patio,
convertidos en lo que somos:

apenas unos ex niños
unos pobres adultos
unos extraños que ya no creemos en los duendes.




De la velocidad de los fantasmas

En un prólogo leo que un poeta fue prematuramente muerto.
Pero, ¿acaso hay alguien que muere antes de tiempo?
Todos morimos en el momento exacto.
Lo que ocurre es que los muertos jóvenes dejan más cosas pendientes
y tardan mucho en desplazarse
-distraídos y perplejos-para cerrar sus círculos.

Sí, los muertos jóvenes viajan muy lentamente
para poder ajustar cuentas:
sé de una muchacha cuyo fantasma demoró largos veinte años
en recorrer a pie la ruta desde Buenos Aires hasta San Lorenzo,
en el norte,
atravesando pampas y cañaverales,
para poder decir adiós
con una vaharada de perfume a un hombre que fue suyo,
y sé también de un piloto, muerto en cierto accidente,
que demoró diez años en llegar a los sueños de su madre
para revelarle en cuál pico de los molestos Andes
se encontraba, congelado y envejecido,
cual la heroína de Horizontes Perdidos en el Tibet,
su exquisito cadáver treintañero.

Los muertos viejos no.
Los fantasmas de los que han muerto viejos llevan los pies livianos
ya casi alígeros de tan inmateriales
                                                              (recuerda a Christmas Carol)
y pueden cerrar cuentas-si aún las tienen-en una misma noche,
en esa misma noche en que los velan.

Los muertos niños
los muertos niños no se van del todo
se quedan atrapados e indefensos entre sus juguetes 
sin percatarse de que han muerto,
de que algo ha cambiado radicalmente entre ellos y nosotros.

Por eso, cuando de noche en tu departamento se encienda un juguete sin motivo 
aparente o si, como en cierto palacete de San Isidro en Lima,
un niño se le aparece a una invitada
de voz bella, con toda naturalidad,
jugando tras del escritorio,
es que allí algún pequeño no ha cerrado su círculo
entre sí mismo y la dura razón de la existencia.

Los muertos no nacidos fluyen siempre en el torrente de la sangre de sus madres. 



Poemas de:  Cámara de niebla

                                                                              Gabriel Chávez Casazola



miércoles, 5 de abril de 2017

André Cruchaga. Los poemas





André Cruchaga. Nació en Nueva Concepción, Chalatenango (El Salvador), en  1957.

Tiene una licenciatura en Ciencias de la Educación. Además de profesor de Humanidades, ha desempeñado la función de director y docente en Educación Básica y Superior.
Parte de su obra poética ha sido traducida al francés por Danielle Trottier y Valerie St Germain.; al idioma vasco (euskera), Miren Eukene Lizeaga, griego, Lia Karavia; holandés, Michel Krott; rumano, Elena Liliana Popescu, Alice Valeria Micu, Elisabeta Botan, María Roibu, Tanase Anca, Ioana Hiatchi y Andrei Langa; catalán, Pere Bessó; portugués, Tania Alegría; al inglés, Grace B. Castro H; al italiano, Norberto Silva Itza y, al albanés, Fahredin Shehu.
Jurado de poesía de la XVI Bienal Literaria "José Antonio Ramos Sucre", Venezuela, junio de 2007.
Jurado del I Concurso de Relato Breve, "El Portal Voz, de la Asociación de Televisiones Educativas y Culturales de Iberoamérica (ATEI), con sede en Madrid, España, 2014.
Parte de su obra se encuentra publicada en revistas electrónicas y en papel de América y Europa; así también, ha recibido varias distinciones por su obra literaria.
Entre sus libros editados podemos mencionar:

Alegoría de la palabra (1992)
Visión de la muerte (1994)
Enigma del tiempo (Plaquette, 1996)
Roja vigilia (Plaquette,1997)
Rumor de pájaros (2002)
Oscuridad sin fecha/Data gabeko iluntasuna, edicion bilingüe: castellano-euskera, (El Salvador, 2006)
Pie en tierra, (2007)
Caminos cerrados, (México, 2009)
Viajar de la ceniza / Voyage a travers les cendres, edición bilingüe: castellano-francés, (El Salvador, 2010)
Sublimación de la noche/Sublimació de la nit, edición bilingüe: castellano-catalán, (El Salvador, 2010)
Poeta en Barataria, (La Habana, Cuba, 2010)
Cuaderno de ceniza/Tablou de cenusa, edición bilingüe: castellano-rumano (El Salvador, 2013)
Balcón del vértigo, (El Salvador, 2014)
Post/Scriptum, edición bilingüe: castellano-rumano (El Salvador, 2014)
Viaje póstumo/Viatge póstum, edición bilingüe: castellano-catalán, (El Salvador, 2015)
Lejanía/Away, edición bilingüe: castellano-inglés, (El Salvador, 2015)
Vía libre/Via lliure, edición bilingüe: castellano-catalán, (El Salvador, 2016)

Antologías y revistas:

·        Novísima poesía salvadoreña. Revista Presencia, año III, No.12, 1991.
·        Poesía a mano. 1ª. Edición, Editorial Universitaria, Universidad de El Salvador, 1997.
·        100 escritores salvadoreños. 1ª. Edición, Editorial Clásicos Roxsil, El Salvador, 1997.
·        Antología de una década. 1ª, edición, Casa de la Cultura de Zacatecoluca, CONCULTURA, El Salvador, 1998.
·        Antología "Paseo en verso", Editorial Pasos en la Azotea, Querétaro, México, marzo de 2005.
·        Canto a un prisionero. (Homenaje a los presos políticos en Turquía. Editorial Poetas Antiimperialistas de América, Ottawa, 2005. ISBN 1-894879-10-4.
·        IX y X Antología de la Nueva Poesía Hispanoamericana, 1ª. Edición, Editorial Lord Byron, Perú, 2005.
·        Muestra poética, Revista Baquiana, Anuario V, 2003-2004, Miami, Florida, Estados Unidos, 2004.
·        Rolando, La vida. Antología poética, San Salvador, El Salvador, julio 2005.
·        Poemas sueltos (Revista Generación Abierta, Año 15, No.43 Editada por el poeta Luis Raúl Calvo, Buenos Aires, Argentina, 2006.
       
·        III Antología de Poesía, entre Eros y Tánatos. Asociación de Escritores de Mérida Fondo Cultural “Ramón Palomares”, Venezuela, 2006.  ISBN: 980-6679-15-6.
·        Leyva, José Ángel. [Director-compilador], Revista Alforja No. 43,  Revista de Poesía, México, abril de 2007.
·        Poumier, María. Poetas por El Salvador, Antología. Editorial Delgado de la Universidad “José Matías Delgado”, El Salvador, 2008.
·        Los Siete pecados capitales: la lujuria. (Antología preparada por Carlos López). 1ª. Edición, Alforja, México, 2008.
·        Poemas al viento, (Antología preparada por José Ángel Leyva). 1ª. Edición, La cabra ediciones, Alforja, México, 2008.
·        Vargas Méndez, Jorge y J.A.Morasan. Literatura Salvadoreña 1960-2000. Imprenta Criterio, San Salvador, El Salvador, 2008.
·        Godoy Durán, Enrique [Compilador]. Breve Antología de Poesía  del Mundo. Guatemala, 2009.
·        Revista AMNIOS, Año 2009, No.1 Editada  por el Ministerio de Cultura de Cuba. La revista está dirigida por los poetas Alpidio Alonso y Roberto Manzano, La Habana, Cuba, 2009.

·        Revista ALKAID, No. 11, Revista multitemática, Valladolid, España, abril de 2011, dirigida por Pilar Iglesias de la Torre.

·        Revista Nord Literar (Rumania) Poeţi de limba spaniola - prezentare si traducere de Elena Liliana Popescu,nr.7-8(98-99)iul-aug.2011.
·        Revista ORIZONT LITERAR CONTEMPORAN, año 5, #3, 2012, 64 págs. Revista multicultural, editada  por la Universidad de Bucarest. Editor Daniel Dragomirescu. Nota introductoria por el poeta Andrei Langa de la Republica de Moldavia.
·      Revista Viata Basarabiei editada por la Unión de Escritores de Moldavia y la Unión de Escritores de Rumania, Anul 10, nr. 1-2 (25-26), 2012 (serie nouă).
·        Revista LITERATORUL, editada por Revistă lunară de literatură şi artă editată de Biblioteca Metropolitană Mihail Sadoveanu, Bucureşti , Anul XXI nr. 158‑159 AUGUST‑SEPTEMBRIE 2012. Traducere de Andrei Langa.
·        Revista ALKAID, No. 16, Revista multitemática, Valladolid, España, noviembre de 2012, dirigida por Pilar Iglesias de la Torre.
·        II Índice antológico de la poesía salvadoreña, (compilador Vladimir Amaya), El Salvador, 2014.
·        II Índice Antológico de la poesía salvadoreña (compilador Vladimir Amaya), Índole editores, El Salvador, 2014.
·        Revista cultural rumana "CAFENEAUA LITERARĂ - EL CAFETÍN LITERARIO" del Centro Cultural Pitești, Rumania, número 10/141 Octubre 2014, año XI.
·        TORRE DE BABEL: Antología de poesía joven salvadoreña de antaño (compilador Vladimir Amaya), Editorial Equizzero, El Salvador, 2015
·        Abra de peces, Antología poética, (compilador Juan Calero), Editorial Río Bravo Publishing,  Texas, USA, ISBN-13: 978-1535295451, 2016.
·        Quizás tu nombre falte, (Compilador Vladimir Amaya), Editorial Zeugma Editores, El Salvador, 2016.
·        REGATUL CUVANTULUI, An VI, Nr. 38, Noiembrie 2016. Rumania.
·        REVISTA LITERARIA GUATINÍ #180, Fundada y dirigida por el poeta Ernesto R. del Valle, año XIX, 2016.
·        Aquarellen Revista Literaria, # 24, Chile, 2017
·        Revista PROVERSO , para las artes: literatura, música, pintura. (Entrevista). Marzo de 2017, España. Editoras: Inma J. Ferrero e Isabel Rezmo.




La poesía es atravesada por un silencio atemporal y primigenio, la cubre la sombra de una divinidad o de un demonio. En todo caso, de un ser sagrado.

La poesía es una voz que extiende su grito en el alma colectiva de la humanidad. Un alma antigua que muere  y renace cada día.


Desde una pequeña porción de tierra que se abre al Pacífico,  allí donde todas las miradas se reconocen y una dulce nostalgia se asoma a los ojos, André Cruchaga nos comparte  una muestra de su quehacer poético.


Bienvenido André a Claroscuro.

POEMAS

Zapatos de la fuga

Traigo los zapatos desgastados como el pavimento
calcinado del cuerpo y los horizontes.

Si es preciso decirlo de nuevo, lo digo:

Traigo mis zapatos desgastados: los gastó el amor,
la intensidad del mundo, la sintaxis
del vacío en la lengua seca de la garganta;
Los gastó la soledad y las conspiraciones.

Aún más grave: los gasté en mis visiones de la muerte,
junto al insomne sacramento de la noche,
junto a los códigos de los papeles,
junto a aquella rosa infinita del instante,
desmoronándose como la memoria de un invierno rudo.

Traigo, también, un tiempo loco de pájaros,
un tiempo de abismos, un tiempo de ojos
colgando de nubes, un hilo de espera para abrir ventanas,
una herencia de impecable tizne:
Un rostro desaparecido en el camino abierto,
una lengua castrada de ausencias.

En fin, una avidez de resucitar en el viento:
Tatuar la saliva de las mañanas como amuleto
para hender esos labios gruesos de la niebla...

De: Barataria, 2005



Poema cero

Y mañana, tal vez, la estancia
sea pacífica,
y el prisma de las sombras
se convierta como el iris
líquido de las olas.
Solo mañana, mientras el ojo
capta lo que se lleva.

De: Viajar de la ceniza


El poeta habla con la muerte

Y no es recuerdo de ellos lo que queda,
sino ellos mismos. 
César Vallejo

Luciérnaga de sangre coagulada. Viento helado
bajo el suplicio de una luz sin caracoles.
Bosque de cipreses apagados. Bosque negro.
Negro silencio del polen multiforme.
Hoguera marchándose con un ruido de madera:
vida hundida en el cuenco de moscardones,
muerte punzando los rincones de la niebla.
El filo del tiempo corta el suspiro.
La paz íntima se pierde en un instante.
Desnuda queda la tela del barro y el labio reseco;
sin ceño la frente del viento;
sin música la rendija de los ojos;
espeso el zumo de la memoria, intenso y pulsante.
Asombro negro. Negra gaviota del crepúsculo,
te llevas la flor y el polen. Te llevas el seno, el rezo,
gavilán negro de trenes herrumbrosos.
Te ocultas en la lluvia y la campánula,
peregrina oscura, cubierta de palpitantes nubes.
Nadie sabe cuando vienes; y sin embargo, corroes,
gusano de trenes trazados por el precipicio.
Nadie ve tus dedos ásperos, tirana del desprecio.
Nadie te ve venir con el ojo del bramido,
de repente estás ahí, en la paja y el alboroto
con los trapos rígidos del ornamento
como un reloj desvencijado después de la jornada.
Tu voz se hace patente en el llanto.
Te hartas en el minuto y hora de las llenas:
haces callar con la lengua muda de los candelabros.
Esa voz ardiente de las alas...

De: Viajar de la ceniza


Intensidad de la linterna

Vida intensa la rosa que muere pronto.
El cuerpo mordiendo el grito en la boca.
Los días seculares. Los cuerpos cansados sin reír;
la casa estrecha. Sin sombras y sin alma:
Habitaciones sin muebles donde la aurora
es casi hoyo y la luz una bóveda.
Después de todo el silencio abre sus piedras:
Ansia de relampagueantes fantasmas:
Sed profunda en la osamenta de los puños.
Sed de mar para ahogar las edades,
sed de mar para hundir la carne, los ojos,
la tierra misma donde el tiempo palidece
y los lobos muerden las campanas del cierzo,
y las espinas arraigan nutridamente el rostro.

Vida abatida y mutilada. Vida sin más.

La huella de los féretros espuma honda.
La ola vuelve y se va; su filo queda.
Habla el eco y gira su brújula. Habla y gira.

La rosa muere lo que dura un pájaro encendido
en el resplandor verde de la hojarasca
cuando besa la angosta vena de los pinos,
cuando el delirio arde ne la crepitante leña de las ventanas.

De: Barataria, 2005


Casa sola

Casa sola ya. Sombra callada;
Sin ningún habitante, salvo el silencio;
Rostros sin ver el sendero de los cuatro puntos
                                                                cardinales,
Emociones sin veleros, paredes olvidadas,
                                                    por el viento,
Aguas sin aire y luz, perdidas miradas
en el tejado de la luna, colores soterrados.
Pero la casa sigue en el mismo sitio de antes:
Quedó anclada como un faro irrazonable,
entre el ardor de la piedra y el césped
                               sediento de la gracia del agua.

Nadie parece vivir en la herrumbre del tabanco;
el hollín anega el aliento y hunde en la noche
                                                               la razón,
en niebla la luz, en cienpiés el camino desollado,
en cuello yerto los sueños y recuerdos:

Mi madre era la luz de lo que hoy son escombros.

Ella ha dejado una estela de hipocampos
entre estas cornisas de oscura sonrisa.
En medio de este hachazo, la casa queda herida;
mientras, las enredaderas ocultan las paredes
y las ciega el relieve de las horas.

Espejos y sombras destellan memorias.
En ambas se fundió la ansiedad de la vida.

Hoy sé que nadie es inmune al poder de la muerte:
A mi madre vino, corpulenta y ansiosa,
e hizo una fragua del miedo
y espectro, el abismo de perennes destellos...

De: Viajar de la ceniza


                                                                                       André Cruchaga